Archivo de la categoría "Reseña de Libros"

TREPANDO LOS ANDES cuando se estaban haciendo los mapas

Jueves, 27 de Octubre de 2005

 

¿Qué ideas pasan por la cabeza de un hombre que, a los 40 años, con sólo quince de residencia en el paí­s, se larga a caballo –y cuando hiciere falta, a pie- a recorrer la Cordillera patagónica… desde el recientemente fundado Neuquen, hasta Punta Arenas… todo esto en 1904?

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¿Con qué instrucciones fue este agente del gobierno argentino –pues ese era su rol– a recorrer las comisiones que todaví­a, en ese tiempo, estaban definiendo la geografí­a de la cordillera patagónica, adentrándose por los bosques, vadeando sus rí­os, pasando al otro lado cuando fuera necesario, rastreando por las costas de los lagos, por crestas montañosas, o por el borde de las interminables bardas, la presencia de estos geógrafos locos, aislados, tan solitarios como él?

Guí­a de viaje, descripción geográfica, relevamiento de flora y fauna, datos antropológicos sobre los habitantes primitivos –todaví­a sus compañeros de aventura- todo eso y mucho más es este pequeño librito, que se puede leer de un tirón… o detenerse a revisar lugares que muchos de los lectores ya han recorrido, con muy distintos medios de transporte. Es entonces cuando la escritura florida de este italiano a caballo entre dos siglos, adquiere un sabor especial: sabemos de lo que está hablando; la montaña, los lagos y los rí­os que cruza son también parte de nuestra memoria, y la magnitud del recorrido se hace presente.

Hay otra mirada también, que recorre todo el texto, contradictoria, como no podí­a ser de otra manera, en su condición de hombre de la “ilustración” europea inmerso en las profundidades de la cordillera patagónica, compartiendo con paisanos -criollos, mapuches o tehuelches- la supervivencia en esos parajes. Sorprende aíºn, 100 años después, el grado de “modernidad” de sus observaciones, de sus acciones, de su equipo. Esa mirada moderna no escatima comentarios, crí­ticas, sugerencias; percibe el drama que subyace en la conquista que aíºn resta por completar, pero su convicción lo proyecta a un futuro de rutas y camiones que parecen casi imposibles para la imaginación más afiebrada de principios del siglo XX. Por supuesto, leí­do en clave actual, puede uno considerar ingenua (o no tanto) esa mirada.

Último comentario: si alguna vez el lector llegó a un hito fronterizo entre Argentina y Chile en medio de la Cordillera… dedí­quele un recuerdo a estos audaces que los pusieron hace más de cien años, acarreando los 300 kg de hierro por lugares inimaginables.

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LIBROS: MAS CERCA DE MI PADRE: La otra mirada necesaria

Miércoles, 26 de Octubre de 2005

 

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El libro de Jamling Tenzing Norgay, “Más cerca de mi padre”, (con la colaboración de Broughton Coburn, Adventure Press, National Geographic, 2001) provee la otra mirada necesaria sobre la montaña más alta, y más conocida del mundo. Es la voz de varias generaciones de montañistas sin prensa y sin nombre, al principio meros níºmeros, y paradojalmente, los menos conocidos, los que más arriesgaron, y los que más daño sufrieron a lo largo de la historia de su montaña.

Jamling es el hijo de Tenzing Norgay Sherpa, el compañero de cordada de Edmund Hillary en la primera ascensión al Everest. El libro es el relato de su recorrido tras las huellas de su padre; también es el relato –con los datos de primera mano que conocí­a- de los claroscuros del Everest de 1953. Pero es también varios libros más: es la mirada de los sherpas, el pueblo que entre Tibet, Nepal y la India, siempre consideró al Chomolugma como su montaña sagrada, y de su recorrido desde la cultura budista tibetana hasta el presente moderno.

Es el relato de una ascensión filmada en 1996 (la expedición IMAX), en la cual Jamling repite la historia de cumbre de su padre. Y es, también, en forma tangencial, la otra mirada sobre la tragedia que ese año se abatió sobre la superpoblada cumbre del Everest, ya abundantemente descripta por varios de sus principales protagonistas.


En suma, son una serie de miradas necesarias, de voces antes calladas, sin las cuales la montaña no serí­a la misma. Vale la pena su lectura, tanto para el montañista, que anhela siempre algo más para su actividad, más allá de la técnica o del mero relato, como para el lector comíºn; ambos se encontrarán con una abundante documentación fotográfica y de antecedentes de montaña. Y se encontrarán con un libro fascinante, prologado por el Dalai Lama, y recomendado por Reinhold Messner.

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LIBROS: K2 - EL NUDO INFINITO - Sueño y destino

Miércoles, 26 de Octubre de 2005

 


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Las historias que se entrecruzaron el verano boreal de 1986 en el K-2, (o Chogori) la segunda montaña más alta del mundo (y, segíºn todos los testimonios, más dificultosa que el Everest), son relatadas por el autor con las caracterí­sticas de la tragedia –es decir, desde el comienzo sabemos que el destino de los participantes está ya determinado- pero con la particularidad de hacerlo en primera persona. Kurt Diemberger (54 años), el autor, viejo montañés y cineasta austrí­aco, encaraba por tercera vez “la montaña de su vida” junto a su compañera de cordada y de equipo de filmación, Julie Tullis (46), la primera inglesa en escalar un ochomil, y con la misma fibra y determinación que su coequiper. Norteamericanos, italianos, austrí­acos, polacos, vascos y coreanos conformaron las diversas expediciones que ese año coincidieron cubriendo de carpas el campo base en la morrena del Glaciar Godwin-Austen, desde donde se disponí­an a atacar por diversas rutas el sueño que los uní­a. Los casi veinte años pasados desde entonces no han desactualizado el libro, ni lo han vuelto menos interesante.


Todos, excepto los coreanos, lo hací­an segíºn el estilo alpino, sin oxí­geno ni porteadores de altura. De los montañistas que participaron, 27 hicieron cumbre; para tomarle el peso a esta cifra, hay que tener en cuenta que en los treinta años previos, sólo 39 lo habí­an hecho. Pero, a la altí­sima tasa de riesgo que tení­a la montaña (12 ví­ctimas), se sumaron 13 más en diversos episodios: por cada dos escaladores que hicieron cumbre, uno no volvió.


Pero el libro se lee como algo más que una tragedia anunciada: es un apasionante relato de montaña, desde el privilegiado punto de vista de los treinta años de experiencia del autor, con magní­ficas fotos, mapas y esquemas explicativos; es un balance y advertencia desde los resultados de la experiencia, para conocimiento y valoración de quienes se aventuran a la “zona de la muerte” por encima de los 8000 metros de altura (resistieron 10 dí­as allí­); es –como todos los relatos de estas tragedias- un intento de explicar y justificar los hechos, aventar crí­ticas, y tratar de expresar lo inexpresable: qué lleva a tomar decisiones que, desde lejos y desde abajo, parecen increí­bles.

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Pelbe, el Nudo Infinito


Y por íºltimo, es también un sentido homenaje a su compañera de cordada, haciendo evidente el profundo sentimiento que los uní­a: habí­an filmado juntos en el Broad Peak, en el Nanga-Parbat, en el Everest, en el K-2 dos años antes; habí­an ganado premios internacionales con sus pelí­culas; habí­an registrado documentos etnográficos en valles y selvas del Tibet y Sinkiang (China).

Tení­an en esta montaña un sueño; y un destino, como lo expresa el tí­tulo del libro, que los llevaron a desandar “el nudo infinito”, uno de los ocho sí­mbolos de la suerte en la tradición tibetana, también llamado el nudo de la vida, y del amor.


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LIBROS: DOS CLASICOS, DOS EPOCAS, LA MISMA PASION

Miércoles, 26 de Octubre de 2005

 

Entre los libros del acervo bibliográfico de la Biblioteca del Club, encontramos dos versiones de la misma pasión, pero cada una con el condimento de las respectivas épocas, y de las particularidades que enriquecen la historia en general, y de la montaña y el hombre en particular.


Por un lado en El misterio del Everest, de Tom Holzel y Audrey Salkeld (Mondadori, Barcelona, 1999 - Donación de Olivier Bongard), se refleja un estudio profundo del hoy mí­tico George Mallory, que le puso el alma y los huesos al desvelamiento del Everest. De su participación, que estuvo enmarcada en la polí­tica expansionista del entonces imperio británico -pero con el particular modo de los ingleses, donde las cosas parecen hechas en forma casual, casi deliberadamente improvisadas- se rescata particularmente al hombre, al escalador de principios del siglo pasado, al amateur elegante. Pero también un hombre apasionado por la montaña, a la cual se fue acercando paulatinamente. Su formación, su vida universitaria, sus ideas sobre la educación, su romance con Ruth, la primera guerra mundial, su bíºsqueda del sustento a través de la enseñanza, van dando el telón de fondo para sus actividades de escalada. Primero, en acantilados de la zona norte de Gales, después las aproximaciones a los Alpes, las primeras escaladas importantes; hasta que despues de la guerra, llega el gran momento, cuando es convocado para la primera expedición de reconocimiento al Everest, desde el Tibet recién abierto al mundo occidental.


El libro describe el apasionamiento que, no sin altibajos, le va ganando el espí­ritu; y se detiene en las tres expediciones (reconocimiento, en 1921; primer intento, en 1922, ya con oxí­geno; y el intento de 1924, que terminó con la vida de Mallory y de Andrew Irvine, su compañero de cordada en el ataque final). También se relatan, en forma paralela, lo que el misterio de su desaparición genera en los hombres de montaña del mundo de habla inglesa. Fruto de esa intriga es este libro, que un norteamericano y una inglesa escriben en 1986, luego de recolectar datos y elaborar teorí­as por más de diez años.Y de una expedición de bíºsqueda, que terminó casi tan golpeada como las que pretendí­a investigar, como si Chomolugma, la Diosa de la Montaña, se resistiera aíºn en plena época de expediciones comerciales a abrir sus misterios. La presente reedición, de 1999, incorpora el hallazgo del cuerpo de Mallory por la expedición de ese año, que habí­a utilizado parte de la investigación de Tom Holzel en su preparación.


Si bien podrí­a pensarse que este es el informe final, quedan muchas dudas aíºn -incluido el destino de Inrvine, cuyo cuerpo posiblemente jamás se encuentre- como preguntas que seguirán alimentando la fascinación por esa montaña. La misma que le hizo responder a Mallory (también sobre esto hay versiones encontradas) a una pregunta de porqué escalarla "¡porque está ahí­!"… Apasionado,  un poco improvisado, no siempre cuidadoso, buen camarada, capaz de modificar sus puntos de vistas (por ejemplo, con el oxí­geno), conciente de los peligros que enfrentaba, y de las oportunidades que se le escapaban, George Mallory queda como la figura más conocida de la etapa inaugural del himalayismo, el clásico de principios de siglo XX.



El segundo libro, Cuadernos del vértigo, recopilado y escrito por Gérard Herzog con textos originales de Louis Lachenal, describe la vida de este íºltimo, vencedor del Annapurna en 1950. El montañismo reflejado en el texto es el de mediados del siglo XX con sus avances técnicos, y sus fronteras ampliadas (Lachenal nació el mismo año que Mallory hací­a el primer reconocimientos del Everest). En este caso es la Segunda Guerra Mundial la que hace de telón de fondo, para este francés. Él también un apasionado, que no era oriundo de los Alpes, pero al que la montaña le picó desde muy pequeño, hasta transformarse en una comezón que le llevó a transformarse en un profesional de primerí­simo nivel. Nacido en el seno de una familia pequeño burguesa de provincia (con la inmovilidad que eso implica en Francia), toda su vida es el esfuerzo por cumplir su pasión. Era, puede decirse, un loco por la montaña. Que amaba escalar, no importa si mas bajo o mas alto, escalar, rápido, y si es difí­cil mejor. Un hombre que, de regreso del Annapurna, con congelamientos y amputaciones parciales en ambos pies, se termina fabricando borceguí­es especiales, pequeños… para seguir escalando y esquiando. Y es en la montaña, sus amados Alpes donde encontrará la muerte en noviembre de 1955.



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Luis Lachenal en la Aguja Mummery - Alpes Franceses


Pero el "diagnóstico" de su locura tiene componentes que lo ubican perfectamente como montañero: con los pies  sobre la tierra, y la mente en la cumbre, sabiendo que hay otras montañas más allá, que merecen ser escaladas. Para muestra… bastan sus propias palabras, relatando el momento que puede definirse como el climax del libro, y de su vida como escalador. En la posguerra de 1946, luego de ordenar un poco la situación interna de sus paí­ses, hay una carrera en los ámbitos montañeros de Inglaterra, Francia e Italia por coronar el primer "ochomil". Inglaterra, potencia con presencia en la zona, consigue los permisos para reeditar sus intentos al Everest, ahora por la vertiente nepalí­. Italia, siguiendo los pasos del Duque de los Abruzzos en los años 20, enfila hacia la recién creada repíºblica de Pakistan, para volver al K2. Francia consigue, diplomacia mediante (y probablemente ahorrándose unos francos) permiso del Nepal para el Annapurna o el Dhaulagiri. Con poca experiencia en ese ámbito, prepara una expedición "alpina", liviana, rápida, con lo íºltimo en materia de equipamientos, y con la flor y nata del alpinismo: Terray, Rébuffat, Herzog, Lachenal…El destino pone a estos dos íºltimos en la posición de poder alcanzar la cumbre del Annapurna ¡Para Francia, el primer ochomil del mundo! Herzog estaba totalmente imbuido de esa idea. Veamos el relato de Lachenal sobre el "momento de decisión" que marca a fuego la expedición, a la vista de la cumbre, y con principios de congelación en los dos escaladores: "…Para mí­, esta ascensión era una ascensión como las demás, más altas que otras en los Alpes, pero nada más. Si tení­a que dejar mis pies en el Annapurna, no me interesaba. No tení­a porqué sacrificar mis pies por la juventud francesa. Así­ que yo hubiera descendido. La pregunté a Maurice que harí­a él en ese caso, y me dijo que continuarí­a. Yo no tení­a por qué juzgar sus razones; el alpinismo es algo demasiado personal. Pero creí­a que si Herzog continuaba solo, no regresarí­a. Es por él y sólo por él que yo no me di la vuelta. Esta ascensión hasta la cima no era un tema de prestigio nacional. Era un asunto de cordada…".

Un asunto de cordada, extrema sí­ntesis para encerrar la soledad, el riesgo, y la mutua y solidaria dependencia entre iguales en la alta montaña.


En resumen: para recomendar también este clásico de mediados del siglo XX, probablemente los íºltimos pasos de un estilo que ha ido quedando sepultado por la comercialización de los grandes escenarios de la montaña.

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